¡Qué viene el coco!

De esta me queman el blog. Seguro. Pero una no ha tenido cuatro hijas, dos de ellas a pelo, de rodillas en el suelo, en vano. Así que allá voy a cavar lo poquito que me faltaba de mi tumba cibernética y, como viene siendo costumbre, tarde.

Resulta que ayer fue un día grande en los círculos concéntricos de la madresfera. El 29J ni más ni menos y así, sin comerlo ni beberlo, se me clavó en las retinas algo que acabo de aprender se llama hash o tag o alguna combinación de los anteriores: #desmontandoaestivill. Y pensé yo, inocente de mí, alma cándida recién llegada a este cuadrilátero de pújiles con curvas: pues es que a mí este señor no me ha hecho nada. Nada de nada. Hasta me atrevería a decir que a mí que este señor publique libros, dé charlas o se dedique al coaching de madres y padres desesperados como que ni me va ni me viene. Vamos, que mientras no tenga una horda de niños secuestrados en un búnker en el sótano de su chalet de La Moraleja a mí plin.

Mis hijas duermen. Bien. Muy bien. Desde las 20:00 hasta las 6:24 poco más o menos. Todas. Las cuatro. Del tirón salvo dentición inminente, gastroenteritis virícas o bacterianas, o bronquitis y/o –litis. La de seis años, la de cinco, la de dos y la de ocho meses. Hasta hace poco tres juntas y una con nosotros. Desde que estrenamos casa en habitaciones de a dos, con la luz apagada, las persianas bajadas, en litera alta, litera baja, cama nido y cuna de barrotes. Casi siempre con pijama, sin chupetes, sin muñeco fijo pero algún que otro visitante ocasional, sin vaso de agua, sin biberones y casi hasta sin sueño. Prohibidos los piscolabis y los pises de media noche. Las cacas se cambian por la mañana, después del desayuno, salvo temblor de escala siete con epicentro en el cuarto de las pequeñas.

¿Que cómo hemos llegado a este entente cordiale? Pues muy fácil señores, probándolo todo. O casi. Desmontándome a mí misma en ocasiones múltiples pero sobre todo con mucha perseverancia. Mucha. Y alguna lágrima. Que otra. Porque vamos a ver yo he dedicado siete por cuatro veintiocho meses de mi vida a dormir niñas a la teta con placer y devoción pero por lógica divina, por pura teoría de la evolución, por las propias necesidades madurativas del retoño, ese momento candoroso, esa etapa inalbis de amor materno-filial tiene que tener su fin. Y yo lo sitúo para las mías, ojo, que los suyos pueden estar programados en otro código, cuando ya nos hemos afianzado en la rutina de las cuatro comidas diarias.

Porque es en ese momento y solo en ese, rondando los ocho meses en mi caso muy particular y muy mio, cuando sé a ciencia cierta que hambre no puedes tener después del pedazo de cuenco de cereales que te acabas de meter entre pecho y espalda. Y es ahí cuando me remango las mangas largas o cortas y decido, yo sola, de motu propio, sin libro ni perrito que me avale, que esto de dormir se aprende. Con mucho amor. Por supuesto. Con mucho mimo. Siempre. Y con alguna lágrima. Por desgracia.

Eso sí el libro de Carlos González me lo voy a comprar en cuanto lo repongan que seguro que aprendo mucho. Para La Quinta. Imagínense ahora un emoticono burlón y a El Marido colgándose de un pino.

8 respuestas a “¡Qué viene el coco!

  1. Ni creo que te quemen. Ni tan siquiera que se atrevan: ya te irás dando cuenta. Aquí cada cual tiene su “pandI” y si no les gustas con hacerte un “unfollow”, SOLUCIONADO. Pero si se atreven, son libres de hacerlo. Lo que no se puede pretender es sentar cátedra con la crianza de los niños.

    Cada maestrillo tiene su librillo. Y cómo bien dices tú, llega una determinada edad en la que el niño debe aprender a aprender. Con amor. Mucho amor. Eso está claro. Pero ese discurso del drama, del dolor, del trauma, de hacerte sentir mal, de… “qué mala madre soy porque utilizo Estivill” , Me- Jo-de muchísimo.

    A mi tab me sorprendió muchísimo, ayer, el Twitter con todos esos TL sobre demosntandoaestivill. Me parece de lo más fundamentalista. Y vuelvo a lo mismo: y las qué lo han practicado son por ello, ¿peores madres? ¿No quieren a sus hijos? ¡Vamos! Señores.

    Este discurso, que se han “montado”, sobre el perfil de madre “chachi”: no grito al niño que se trauma, no lo dejo que llore que se trauma, le doy teta hasta los 20, a pesar de que me la tiene como un colador….etc,…me chirría. Me chirría porque también crean escuela, (pro Estivill. Pro Carlos González y otros muchos más…), tendencias o metodologías sobre crianza con apego si, o no. Para al final enfrentar y confundir a los que nos embarcamos en esta nueva etapa de la vida donde muchas veces te encuentras sola y a veces, por desesperación, recurres a un método qué quizás luego, en el entorno donde te mueves resulta qué no es el adecuado, o sí. Al final no lo sabes, porque te has hecho el lío padre. Por eso, creo, que es mejor guiarte por algo que no suele fallar, tú instinto.

    ¡Señores! Déjense de tanta pamplina psicopedagógica que lo único que encierra es un mercado: “mercantilizar la forma de crianza.” Estos dos, ¡están ricos!

    Bueno, que todas/os somos humanos y tenemos nuestros días en los qué no podemos más, qué necesitamos dormir, descansar, estar tranquilos….Y por ello, ¿me van a crucificar? Pues me da que si: soy una puñetera egoísta.

    Esto es igual qué las novelas de corte romántico; porque no te gusten no significa que no seas menos romántica o sentimental. Con esto igual. Si para conseguir avanzar hay qué llorar, se llorará: y por eso no voy a ser Herodes. Nadie dijo qué criar a un niño fuera fácil; pero tampoco va a ser esto los mundos de Yupi. Y ¡Ojo! Qué yo a mi canijo lo cambié de cuarto con 32 meses. Y NO LE PASÓ NADA!!! Se adaptó como un campeón!! Sin llantos, ni traumas, sin hacernos sentir un mal remordimiento…Pura normalidad producto de la propia evolución y desarrollo del niño…

    Pero bueno, como bien dices, a mí me funcionó , pero “hay otros que están programados con otro código.”

    Qué estoy contigo y me ha parecido genial que lo hayas expresado.

    Besos.
    ¡He dicho!

  2. Ayer me pillaste pintándome en ojo y luego, con el fragor del bailoteo, te dejé aquí sola con más razón que un santo o en este caso santa #notengoperdon.

    Y que conste en acta que estoy de acuerdo no, de acuerdísimo contigo y que me gusta además que hayas sacado otro tema que últimamente me interesa mucho. La reivindicación de los derechos de las madres que a día de hoy somos la especie más desprotegida de la fauna y flora. Mucho más que los niños. Donde va a parar.

    Y digo yo, no voy a educar yo a mis hijas en la opulencia amorosa y consentida más absoluta para que luego así de un plumazo se les acabe el chollo el día que las pobres comentan la imprudencia de reproducirse y pasen de opresoras a oprimidas en un par de empujones.

    Por mis hijas y por su futuro como madres es mi obligación defender mis derechos a dormir, a comer, a hacer de vientre y a ponerme el mundo por montera. Ea.

    1. Yo es que siempre he sido muy mía pá lo mío y el papel de madre sacrificada atrapada en bajo el síndrome de mujer abnegada te digo desde ya, que pa mí nanai.
      No expresar la rabia, el cansancio, los bajones, los agobios, significa reprimirse y x tanto olvidar que es importante SER combativa, mantener tu personalidad para poder seguir y reivindicar tus derechos como madre qué los tenemos!!
      Así k yo a lo mío.

  3. Pues ea, yo me apunté al tag en twitter, pero reconozco que algún día, muerta de sueño y cansadísima, he dejado llorar cinco minutos a la enana más mayor, después de comprobar que no tenía hambre, no tenía el pañal sucio, no tenía miedo a la oscuridad, ni había monstruos debajo de su cuna. Ni tan siquiera estaba el hombre del saco en el armario. También reconozco que era madre primeriza, y que estaba pendiente de la enana más mayor a todas horas, incluso a las no horas. Y reconozco que me he dormido yo antes que ella, dándole la mano entre los barrotes. Pero no la he cogido porque sí, me estaba toreando. Y si yo pierdo la paciencia, el padre ni te cuento. Así que sí, las crío en amor y armonía, pero ojo, como tenga mi nivel de batería bajo, bajísimo, para cargar en la mesilla de noche, porque entonces, si me están toreando, no ejerzo de madre, sino de persona.

    Esto… La enana más pequeña, duerme en su cuna, en mi habitación, y no me ha dado ninguna mala noche, en su prácticamente año de vida. En sus nueves meses de no-vida, alguna sí me ha dado. Pero eso… Es otra historia.

    Ps, Tanto ellas -hijas- como nosotros -padres- vamos aprendiendo juntos en el camino de la maternidad/paternidad. No las dejaré llorar, pero tampoco dejaré que no lloren.
    “Bisitos”

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