Maridos y otras aves de corral

Pónganse en situación. Son las cinco de esta mañana y ya es de día en la casa de la familia tigre. Las niñas duermen pero en el piso de arriba se masca la tragedia. El Marido deambula mascullando algo ininteligible mientras va de un lado para otro haciendo la maleta para su viaje de negocios. Tres días de escurrir el bulto doméstico pagados. Intuyendo que la culpable de su sordo cabreo es ella la madre tigre opta por yacer en la cama con una expresión muy convincente de estar muy dormida en plena fase REM.

De poco me ha servido. La desesperación ha podido con la consideración y me ha despertado de mi fingido letargo para preguntarme dónde diantres estaban sus calzoncillos. Descartadas las opciones obvias hemos llegado a la dolorosa conclusión de que efectivamente mi rutina infalible de lavadoras se ha visto afectada por la escapada de negocios de la semana pasada con la nefasta consecuencia de que El Marido, todo trajeado, guapísimo y altísimo él, se ha ido de viaje de negocios con los menos sucios de su colección de calzoncillos. Como lo leen. Se me parte el alma sólo de revivir esa escena tan trágica del pobre Marido doblando sus calzoncillos usados para meterlos en su escueta maleta con sus pedos pintores y todo. Ay madre ¡Qué lástima!

Esto hace unos años hubiera derivado en una gran bronca con largo dedo acusador y un claro mensaje: en tus labores un cero patatero. A ver si te aplicas guapa. Pero fíjense por donde El Marido y yo desde que nos convertimos en la versión puntocuatro de nosotros mismos hemos llegado a un grado de compenetración tal que ni cuatro días de calzoncillos sucios hacen mella en nuestro recién estrenado edén marital. Pero claro, tiene truco. Porque para estar casada con El Marido puntocuatro previamente hay que pasar por El Marido puntocero, el puntouno, el puntodos y el puntotrés y les advierto que no todas las versiones anteriores son igual de apañadas que esta que tengo ahora instalada.

Realmente de El Marido puntocero sólo me queda un vago recuerdo. Él lo era todo: El amigo, el compañero, el amante, El Marido. Mimado hasta el hartazgo él vivía todavía en la creencia de que las películas porno están inspiradas en la realidad y no cejaba en su empeño de intentar recrearlas convencido de que la madre tigre puntocero sin duda estaba deseando explorar su faceta de contorsionista-exibicionista-geisha-de-motel-de-cuarta. Y a veces casi que lo conseguía. Sobretodo cuando la pareja puntocero decidió reprogramarse en puntouno.

Esos sí que fueron meses dorados cuando la incauta de la madre tigre puntocero, desconocedora todavía de los vericuetos de la fertilidad, pensaba que todos los días del ciclo eran fértiles. Grande fue el recocijo de El Marido puntocero que creía que esa iba a ser la tónica general de su vida en común. Angelito.

De esta forma, practicando que es gerundio, por fin llegó el ansiado positivo-está-usted-embarazada-señora e iniciamos la transición hacia la familia puntouno. Pero no adelantemos acontecimientos. Durante los meses de preñez El Marido puntocero estuvo espléndido. Atento, con zumito de naranja natural cada mañana, compañero de horas de ginecólogo y ecografías varias, comprensivo cuando la menda tenía sueño o hambre o simplemente mal humor. Hasta se sabía aproximadamente cuando se esperaba la llegada de la primera retoña y efectivamente se personó en la sala de partos en tiempo y forma.

Y así sin más me entregaron a mi primer bebé y tuve que despedirme de El Marido puntocero sin saber qué me ofrecían a cambio.

16 respuestas a “Maridos y otras aves de corral

  1. Debo decir que tus posts mejoran con el tiempo. Igual que el vino. Es complicado el cambio de versión, pero lo de los calzoncillos!! Pobre Marido. Ni el tanga de tigre lo tenía limpio?
    Menos mal que en los aeropuertos hay tiendas de ropa…
    Por otra parte, ejem, las tareas domésticas se suponen que deben ser compartidas (he dicho se suponen, en mi realidad, su porcentaje es 15 o 20%).

  2. Sólo te diré que eres una suertuda, y no te digo el gorila en que punto está , porque entre otras no es ni marido…
    Eso sí le diré que le jodí el sistema de fecundación yo si sabía cuando era fertil y la diana llego demasiado pronto…

    Encantada de leerla como siempre

  3. Ay.. la evolución humana.. el padre novato no es como aquel chavaín que conocí hace tiempo, creo que ahora es mejor en muchas cosas y peor en algunas, pero es lo que hay.

    Sobre los calzoncillos, jajaja.. con pedo pintor y todo?? no hijanooo, para eso mejor que vaya en plan comando. jajaja

  4. Jajajajajaja… Alguna vez he hecho lo mismo con mi chato, pero este ya o anda en un numero de marido mayor o es que es el mariadoangel que todos dicen, xq este sin hacerse mayor problema simplemente opta por quedarse en pelotas!…

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