Salagadula Magicabula

CenicientaSi hay un drama humano que no se ha retratado con justicia, ni en la literatura ni en el cine, es el de la Cenicienta. La más desgraciada de entre todas las aspirantes a princesas de un reino muy lejano. Esa carita de moderada resignación que se le queda a la versión animada mientras acaricia con nostalgia el zapatito de cristal no refleja, ni de lejos, la indignación, el despecho y la desesperación que debieron embargarle a la pobre Cenicienta al verse desposeída de su condición de dama de alta alcurnia.

No me digan que no es como para liarse a palos con el hada madrina y sus poderes de pacotilla. ¿Tanta varita y tanto bibidi bobidi bú para un bailecito de nada? No es por nada pero lo de Bárcenas con sus sobres sí que es magia y no este encantamiento de un par de horillas de nada.

No hay nada más cruel que la vuelta a la cruda realidad. Así, de sopetón, sin el aterrizaje gradual que nos prometían para la burbuja inmobiliaria. Lo mágico no es convertirse en princesa. Una se acostumbra en seguida a los Louboutin de cristal, los trajes de alta costura y las prebendas de los privilegiados. Tras una ligera inseguridad inicial una se hace dueña de su buena estrella y, en menos que la orquesta tarda en dar los primeros compases del siguiente vals, una es ya una profesional del buen vivir.

El primer día bajas al buffet de desayuno tímida y miras de refilón al señor de los huevos sin atreverte a pedirle un buen par de huevos fritos con beicon. Al día siguiente, reúnes el valor suficiente para acercarte al susodicho y pedirle con un hilillo de voz unos huevos revueltos con jamón y un crêpe con canela para la niña. Antes de que te des cuenta te pillas pidiéndole con más cara que vergüenza que te caramelice la cebolla y te churrusque bien el beicon.

Con las camas sufres una evolución similar. Al principio te da como cosa abandonar un dormitorio sin hacer las camas y abullonar las almohadas previamente. Pero en menos de un suspiro te largas de la habitación sin mirar atrás. Dejas tras de ti un caos de sábanas, edredones y almohadas por el suelo con la seguridad de que al volver la habitación estará impoluta, las sábanas frescas y planchadas, tu pijama dobladito sobre tu almohada y las toallas como recién salidas de un anuncio de suavizante.

Acostumbrarse a los lujos, asiáticos o no, está chupado. Lo difícil, el verdadero reto para cualquier mago que se precie, es devolverte a las pantuflas y la escoba sin sumirte en la más profunda de las depresiones post vacacionales.

Una abandona el hotel secándose las lágrimas con la puntita del kleenex pero con el pelo hueco y la firme promesa de no perder la solera adquirida. La dignidad está en el alma, te engañas. Todas somos princesas, te dices mientras lo falaz de tu afirmación te agria la saliva. No perderé la sonrisa y el buen humor, te prometes mientras tu estómago acongojado te comunica que es la hora del bizcochito de media tarde. Ese que te has acostumbrado a tomar recién llegada de las pistas. Esa tartita con su nata montada que tan bien sienta después de pasar el día al aire libre sin más preocupación que marcar bien tus curvas en las laderas.

Pero no. Se acabó lo que se daba. No hay bizcocho, ni tarta, ni nata montada, ni señor de los huevos. No hay comida a la carta, ni barra libre de helado, ni una selección de quesos de la zona. No hay camas que se hacen solas ni toallas que se cambian por arte magia. No hay más escoba que la tuya. Y no te queda más que acallar las exigencias de tus tripas con un caramelito publicitario. El último resquicio del todo incluido. La última prueba de que estuviste allí con tu traje de princesa, tus zapatos de cristal y una gran calabaza bajo la manga.

26 respuestas a “Salagadula Magicabula

  1. ¡Has vuelto! Y nosotras echábamos de menos a nuestra Cenicienta, qué quieres que te diga…

    Eres única para hacer paralelismos entre las películas y la vida, oye. Que me ha encantado.

    Y no te preocupes. Lamentablemente, en un par de días (una semana a lo sumo) ya nos acostumbramos a ser plebeyas otra vez. Al final, no nos engañemos, nacimos para ello. Aunque el refulgir de la varita del hada madrina nos haga creer a veces que no, y que no es ése nuestro destino.

    Bienvenida al mundo real.

    1. ¡Un mes! ¿Qué le has dado al hada madrina para que te conceda 30 días con sus noches de vacaciones? Disfrútalas hermosa que lo bueno se acaba. Demasiado pronto.

      Intuyo que solucionaste el problema del pasaporte de Critter.

      Besos.

  2. Qué mala es la buena vida! Que duro es volver a la monotonía y a sus obligaciones!
    A principios de Abril dejo a las niñas en Madrid, y nosotros nos vamos a Lanzarote solitos. Que dura va a ser a vuelta a la realidad, pero que ganas de vivir como la madrasta y no como la cenicienta, aunque solo sean 6 días.
    Besos hermosa, y ya era hora de que volvieses

  3. Bienvenida a la realidad, te saludan las amigas de cenicienta que además de no haber tenido esa semana maravillosa, siguen buscando como locas zapatos de cristales, aún sabiendo que no hay sobres ni pasta en el reino para pagarlos….pero la vida es dura y maldigo el día en que alguien invento estas historias de princesas con finales tan felices…. arggggg

    Encantada de volver a leerte

  4. Jajaja, mi germano tiene la mala costumbre de pasarse un mes despues de las vacaciones diciendo: “jo, hace una semana estabamos paseando por no se donde”, “jo, hace diez dias exactamente estabamos comiendo en este restaurante…” Eso si que es un martirio!!! Date con un canto en los dientes si por lo menos te dejan volver en paz, y que te quiten lo bailao!!

    1. Yo entiendo a tu germano. Hace dos años nos pegamos un viajazo por california y desde entonces un horror, no puedo ver películas, en todas sale algún sitio en el que estuvimos y me da una morriña horrorosa. Pero sí, a planear las siguientes vacaciones. Próximo destino Madrid.

  5. Ánimo!! Tiene que ser terrible volver, pero bueno al menos lo has podido disfrutar. Quien pudiera tener esa depresión post-vacacional…

    Voy a visualizarlo… ¡ yo quiero mi señor de los huevos, yo quiero mi señor de los huevos, yo quiero mi señor de los huevos, yo quiero mi señor de los huevos…! Te aviso si se me cumple.

    Lo dicho, mucho ánimo!

  6. Que alegría tenerte de vuelta por aquí, aunque tú no seas de la misma opinión. Mucho lujo está muy bien para unos cuantos días, pero después, hasta el más real sucumbe al aburrimiento del “todo-hecho”. Ánimo, que las montañas seguirán estando la próxima vez que vayas.

  7. Y este, el razonamiento que voy a hacer, debe de ser el de una pobre Cenicienta tontorrona, pero digo yo, que esos momentos sobre tacón de cristal no serían tan mágicos sin antes haber pasado por alpargata.
    Una tonta reflexión de un lunes cualquiera.

      1. Tengo que decirte que, despues de un pormenorizado estudio en base a mi experiencia, te digo que no, que no es un troll. Lo intenta, pero le falta la base de cualquier buen troll: el sentido del humor.
        Asi que por desgracia, sigues sin troll.
        Es un laxante. #porquesusvaisacagar

        1. No gemma no soy un troll y si me has leido sabras que el siusvaisacagar lsi algo tiene es sentido del humor y lo que pretendo es intentar que nos riamos todos ,que la vida ya es demasiado seria ahi fuera ,espero que a usted(si tiene a bien leerme) tambien le guste.

  8. Mira el lado positivo, los zapatos de cristal son incomodísimos, el corsé aprieta después de tanto bacon y las sábanas tienen demasiado almidón. Sin embargo en casa, tienes a tu principe azul y.. Bueno.. Vale.. Las vacaciones son lo mejor del mundo y mucho mejor en hotel, ouhh yeahhhh.. Mi más sentido pésame

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