La vida en el campo, no es paja todo lo que reluce

Foto 4He de reconocer que cuando me enamoré de esta granja que ahora llamamos casa, lo hice como quien pone un pin en Pinterest.  Ves algo que te gusta, que te inspira incluso, y te lanzas con los likes, los favs o como quiera que se llamen en la red social de turno.

Poco importa si el artículo en cuestión es  caro o barato, útil o inútil, o si encaja aunque sea remotamente con el resto de nuestra vida. Es bonito, ideal si me apuras, y eso es  lo que cuenta, lo único que cuenta en este mundo en que uno se puede ganar la vida como food stylist o curator. Éste último es mi preferido. No me digan que no debe ser lo más pasarse la vida desbrozando lo bonito de entre la maleza de lo feo.

Lo mío con la granja fue un amor a lo instagram, con sus filtros velados y sus retoques cibernéticos. Vi el columpio colgando del castaño milenario y el resto es historia. Quería ese columpio en mi feed y esos suelos de madera eterna en mi muro de facebook. Y punto.Lifestyle granja antiguaAl padre tigre, que a su vez habita en su mundo paralelo de rudo cazador, le hicieron los ojos chiribitas con el horno de leña y la barbacoa centenaria. Las tigresas por su parte yacían rendidas a los pies de las tres ovejas enanas que cualquier día de estos van a morir de estrés con tanta atención infantil como reciben desde que nos mudamos.

Los tigre somos así, impulsivos tirando a compulsivos, y descerebrados a más no poder. Obnubilados todavía por la lozanía de las vacas del vecindario recogimos los bártulos y nos mudamos. A palo seco, como quién hace un retuit.

No nos paramos a contar los kilómetros que nos separaban de la civilización ni a valorar si los señores de Vodafone servían cobertura por estas latitudes. Tampoco se nos pasó por la cabeza preguntar si por aquí gastaban internet, ni mucho menos teléfono fijo, como tampoco contábamos con la población autóctona de fauna y flora que prolifera tanto dentro como fuera de estos muros que ahora nos cobijan.vivir en el campo con niñosNosotros, que vivíamos en ese verdor ilusorio que es el extrarradio, no sabíamos que el campo, el de verdad, es otra cosa. Poco imaginábamos que las arañas y los mosquitos doblan su tamaño según te alejas de la ciudad, ni que los chinches, las pulgas, o lo que quiera que sean estos malditos que me mordisquean los tobillos mientras tecleo, existían más allá de las novelas de Dickens.

Por no mentar la cruda realidad de que los magníficos huevos de las gallinas pintorescas que pululan por el jardín vienen acompañados de un pestazo a gallináceo que riéte tú del abono que echamos en los jardines domables de las afueras cosmopolitas.

Más desconcertante todavía que la eclosión de una especie asquerosa de caracol de proporciones bíblicas sin caparazón es la multiplicación de los niños. Lo mismo te desaparecen cuatro que te aparecen seis. Es totalmente imposible calcular con cuantos vas a cenar. Por lo visto, en el campo los niños son de todos y de nadie en particular.

No hay verjas ni timbres, no existe tu casa y mi casa, sólo un dónde jugamos hoy y a ver en que cocina hay menos verde para cenar. Por aquí bajas las escaleras con tu bata de guatiné y no no sabes a ciencia cierta a quién te va a tocar embutirle el colacao ni si se presentará alguno a la cita obligada con el brócoli.

Pero lo cierto es que por las noches, cuando las acuesto agotadas de tanto correr como salvajes, con los pies negros y la sonrisa sucia de haber conseguido algún chocolate de extraperlo, me siento rendida a recuperar la cordura en  el único rincón donde puedo gorronear wifi del  vecino, y pienso que, pese a sus pises de gato y sus ponys asesinos,  como en casa no se está en ninguna parte.

36 respuestas a “La vida en el campo, no es paja todo lo que reluce

    1. jajajaja, me ha encantadoooooo!!! Soy la que se fue a vivir de Madrid a mitad del campo abulense durante 10 años y ha vuelto a regañadientes de la capital para “facilitar” la logística de mi primera (y única) tigresa ;-))… ¿A cuánto estáis del núcleo urbano más cercano? La experiencia de vivir en el campo es increíble… ese vivir lento, la paz, el silencio, el sosiego y disfrutar de una libertad menos domesticada que la habitual… A pesar de todo lo que cuentas, estoy segura de que os seguiréis enamorando de miles de momentos tipo “tuit” y “retuit” ;)

  1. Hola, me llamo Aroa y te sigo desde hace muy poquito, antes no te conocía. ME encantan tus experiencias y me ha encantado el post de hoy.
    Yo presumo de ser muy de campo pero lo cierto es que lo más cerca que he estado de serlo es cuando pasaba mis veranos en el pueblo con mis abuelos, entre vacas y naturaleza, sin horarios y corriendo por las calles con los demás niños. Siempre he soñado con terminar viviendo en el campo, espero alcanzar ese sueño algún día.
    Me imagino que todos los días no será fácil pero seguro que os haceis y para los niños es una experiencia inolvidable.
    Un abrazo fuerte, seguiré leyéndoos.

  2. Miro las fotos de la casa y me pasa lo mismo que te pasó a ti, me mudaría mañana. Luego te leo y dudo :)
    Con la información que tienes ahora, te mudarías?
    Gracias por compartir tus aventuras querida Madre tigre!

  3. No te diré que sea más de campo que una amapola porque no pero crecí en una urbanización abastecida y legal pero alejada de la ciudad. Veraneaba en el campo entre pavos reales, gallinas, cabras y equinos sin montura. Todo salvaje y molón. Pero a mis 20 me vine al centro y ay amiga! Qué abastecido todo! El cole a 5 mins. Al trabajo mi marido va andando. Hay tiendas de todo tipo, gente y columpios O.O
    Me voy a mudar con mi familia ya numerosa otra vez a las afueras el año que viene. Pero al campo? Ni mijita!!!! Viva la civilización!!!
    Cuánto tardais al cole y trabajo? #tuitserio

  4. Este sería uno de esos perfectos momentos para decir “te lo dije”, suponiendo, claaro está que te lo hubiera dicho XD

    Lo de que los niños en los pueblos son “del pueblo” es algo que siempre me pareció muy útil, salvo que seas tú la que haga las mejores tartas (que ya sólo te faltaba eso)

    Que conste que negaré haber escrito esto (de hecho en este momento me apuntan con un arma) pero envidia me das una cuenta.

    Un abrazo y suerte con los gasterópodos :-P

  5. A mi me gusta tu granja.
    Y me gustan las ciudades.
    Hay un momento para cada cosa y si ahora te pide vivir así, disfruta.
    Eso si, no le enseńes nunca tu vida a mi marido por que se te junta con el tuyo a cenar las espinacas, que me parece que aparte del peinado y el amor por una buena chimenea, tienen muchas cosas en común.

  6. Lo has dicho muy bien, cuando era adolescente mis padres decidieron mudarse a las afueras, no era campo, campo, pero había río y montañas cerca, algún día de lluvia torrencial llegué a ver cangrejos de río desorientados y sin saber a dónde ir paseándose asustados en medio del jardín, ante la mirada atónita/ amenazante de nuestro perro.

    Hace mucho que no pasaba por tu blog y no había visto el nuevo look. Muy bonito y agradable a la vista.

    Saludos desde Budapest.

  7. Yo soy más de pueblo que las amapolas, nací y crecí en uno tan pequeño que no tenía ni tienda. Un pequeño bar, un teléfono público y cuatro niños. Ahora estoy en el extrarradio de una pequeña ciudad y deseo volver a vivir en un pueblo con todas mis fuerzas, pero sobre todo porque desearía que mi hijo creciera en ese ambiente, sin tanto coche y cemento y verjas. Y todo a pesar de mis alergias y de una pertinente atracción sobre cualquier pulga moribunda a cien metros. Felicidades porque creo de verdad que así es como se vive de verdad, con esos impulsos locos que salen del corazón.

  8. Eres tronchante!!!! Por favor mantennos al día de tus aventuras rurales y de las rubis!!. Pregunta: a que cole irán? Besos desde “mi” paraíso, bastante más civilizado que el tuyo!

  9. Me encanta el humor con que lo cuentas todo. Yo soy muy urbana, toda mi vida he vivido en ciudad y ni siquiera tenía pueblo para ir de vacaciones. Pero ahora que soy madre, me gustaría que mis hijas se pudieran criar con la libertad y tan en contacto con la naturaleza como lo van a hacer las tuyas.

  10. En un paisaje tan bucólico o me sentiría como Heidi o tendría pesadillas cada noche recordando lo lejos que están todos los centros comerciales. Creo que sería incapaz de mudarme tan a las afueras, pero cuando veo estas imágenes pienso en lo diferente que debe ser ese estilo de vida y en que quizás así redescubriría las cosas auténticas y que de verdad valen la pena ¡pero no me atrevo a dar el salto!

  11. Desde hace varios días estoy esperando este post… básicamente desde que la Boticaria García te mencionó en el suyo con el tema de las pulgas. Yo no soy de campo, pero si de un país tropical tercer mundista en donde la naturaleza sigue siendo irreductible y los mosquitos/zancudos/chinches/pulgas/purrujas y demás variedad de insectos chupasangre pululan hasta en la casa del presidente. Los de ciudad intentamos dominar sobre los insectos a base de insecticidas y repelentes. Los del campo sin embargo han desarrollado una suerte de convivio pacífico en los que los insectos dejan de ser molestia (no sé si eventualmente dejan de ser fuente de alimento, si simplemente ya no sienten los piquetes o alguna condición intermedia).
    En cualquier caso te dejo la sabiduría del refrán; “Si estás en Roma, compórtate como romano” que vendría siento algo como el benchmarking de la vida en el campo.

  12. No sé que decirte ciertamente, porque en realidad pase mi infancia en un pueblo y un caserio y puedo decir que eso que tenéis puede ser algo que se le asemeje pero en Alemania y más grande. No sé tu, pero tus hijas te lo agradecerán, ahora como diría el aitona ya me dirás cuando las dos primeras crezcan y quieran socializar en la ciudad, te pasas el día en la carretera o eso decía mi padre.
    Disfruta y sigue dándonos envidia que yo creo que ni Heidi se lo pasó como tu.

  13. Te he descubierto hace un par de semanas. Que gustazo leerte! Me esta pasando como cuando me enganché a Lost y me vi unas Navidades todas las temporadas de un tirón. Esto de estar hasta las tantas leyéndome todos los posts desde el lejano junio del 2012 me tiene muerta de sueño. Menos mal que viene el fin de semana.
    Besos

  14. Que chulada de sitio!Para las niñas debe de ser genial. A mi me gusta más vivir cerca de la playa y no muy lejos del centro, una que no pide ná!jaja El problema es lo que dice Peineta me temo que cuando mi hija crezca me tocará llevarla en coche continuamente.

  15. Yo es que soy manchega y por campo entiendo un secarral con 4 chaparros. Yo cuando veo ese verdor y esos techos de tu casa yo me habría ido tb, además con doble ventana. Me parece q les estas dando a tus hijas la mejor infancia, ojalá cerca de Madrid hubiese un campo como ese y una casa así para mis peques

  16. Madre mia!! Yo q creci n l centro de madrid ahora vivo en la sierra y hay veces q siento q me falta el aire… ( o la contaminación según se mire..) eso si mis cinco tigres no pueden ser mas felices q jugando al futbol en cualquier campo de esos q dejan las rodilleras de cualquier pantalón teñidas eternamente de verde…..a mi tb me eencanta el columpio en plan bucólico a traves de la ventana pero no se si despues de leerte me conformaria cn ampliar la foto y enmarcarla!! Animo en la granja con tus cinco fieras! Mis cinco duermen ahora…y eso nunca hay q desaprovecharlo!

  17. Muy buenas madre tigre; como siempre, un placer leer lo que escribes. Yo tambien tengo el sueno de volver a la vida autentica del campo, sin coches, sin prisas, con la madre naturaleza y disfrutar de la tranquilidad que te ofrece el alejarte del mundanal ruido. Todavia no he conseguido dejar la ciudad, el padre de nuestras tres criaturitas cree que no soportaria el aburrimiento que para el acompana la vida rural. Pero yo no pienso en el aburrimiento, veo las multiples posibilidades de los paseos sin fin, un huerto claro para cultivar la verdura y fruta que empezariamos a comer, vivir mas simplemente; quiza lo que anoro es vivir en otra época, en otro siglo. De momento seguiremos en nuestro bonito apartamento donde nos invaden los “chismes”.
    Un beso madre tigre, espero que las pequenas bestias del campo respeten tu territorio o que encontreis un compromiso. Yo tampoco soy de bichos, tengo panico a las aranas (ese es uno de los argumentos mas utilizados por el padre, para quedarnos como estamos)

  18. Que bien te ha quedado! La casa y los alrededores tienen una pinta estupenda, no me extraña que te enamoraras a primera vista! Para tus triguesas va a ser genial y ya lo dice el dicho “It takes a village to raise a child” que a mi me encantaría que así fuera! A los bichos te acabas acostumbrando ;-)

  19. Y yo que me creía aventurera por dejar el centro y venirme a una casa en las afueras… Me gusta ver el verde desde mi ventana, escuchar el gallo del vecino, asomarme y ver una oveja que me mira mientras mastica mil veces sus cuatro hierbajos… Me disgusta el olor a caca del ambiente cuando en vecino usa abono natural y que no vengan a barrerme la calle , todo tiene sus pros y sus contras , lo importante es que allí has ido porque has querido y no por obligación, disfruta , mucho! Yo lo intento!

  20. Los mejores recuerdos de mi infancia son los fines de semana que pasaba en la casa de mi bisabuela con todos mis primos ( una familia muy grande por cierto ) subiendo a las higueras, saltando de silo en silo, enredando en el pajar… Eso es una verdadera infancia feliz, la que tendrán tus hijas en ese casoplón, y no como los niños de ahora enganchados a las nuevas tecnologías…

  21. Cada vez tengo más claro que necesito una peluca rubia, ahora que no te das cuenta cuántos niños van y vienen es mi oportunidad para colarme en esa granja, previa aplicación de repelente.

    Con ganas de seguir leyendo las aventuras de la Familia Tigre a la provenzal!

  22. Querida Madre Tigre:
    Soy la chica que te ha dejado un comentario en instagram esta tarde y que te ha contado que el fin de semana pasado, se leyó tu blog de cabo a rabo.

    Yo soy de la huerta de Valencia (de lo poco que queda de ella) y he crecido caminando entre campos de distintas hortalizas, cogiendo alcachofas la noche de San Juan, llevando a las Barriguitas a natación a la acequia que había detrás de casa, llenándome de hormigas por apoyarme en una higuera que rezumaba melaza…
    Ahora vivo en una ciudad y estoy amargada perdida, cada uno va a lo suyo, nadie ayuda a nadie…
    Viva la vida en el campo!
    Viva la gente que hace lo que quiere y que escucha a su corazón y no a su cabeza!

  23. Ay Tigresa, todo tiene su ladito malo. Y yo es que soy muuuuuuuy de ciudad, y no me gustan ni las hormigas de la piscina. Pero se ve que tú eres de otra madera, y con esas cinco princesas, creo que es lo mejor que has hecho. La granja no puede ser más preciosa, y lo que tus niñas tienen como infancia no se puede “aprender” a los 15; la tecnología hoy día ya viene impuesta, y lo que les haga falta lo aprenderán.
    En fin, que no en mi caso y con mis circunstancias, pero envidia me das. Besos valiente!!!

  24. Yo es que soy menos de campo que un semáforo… pero creo que debe de ser una experiencia muy chula vivir en un lugar como el tuyo!!
    Y, cuando te agobies, piensa que pros y contras hay en cualquier sitio que vivas. Un besote!

  25. Pues como todo, tiene sus pros y sus contras. Lo que más me gusta de mi “pueblitobueno” es que está a 10 minutos en coche de la “civilización”. Es muy pequeños, con apenas tres calles y sin absolutamente ningún servicio, en mitad del campo, pero tienes todo lo que puedas necesitar cerca, porque como dice Peineta más arriba, cuando llegue la temida adolescencia vais a hacer más kilómetros que el baúl de la Piquer.

  26. acabo de conocer tu blog y cômo me està gustando!!! yo vivo un poco como tû y, aunque tengo la fortuna de tener internet indoor, no tengo canales de televisiôn… en mi barrio no hay ni buses y para ir a comprar el pan tenemos que hacer 10km. pero después veo a mi hija tan feliz en la montanya que sinceramente, merece la pena.

  27. Me has robado una sonrisa. Mi madre hace muuuchos años escapó de la ciudad siendo yo una niña, me crié como las tuyas, a lo Heidi en medio de ninguna parte, rodeada de naturaleza. Ahora que mi casa de campo se ve reducida a un piso en el extraradio, mi perro no corre libre si no que sale con correa y veo a mi hijo crecer entre hormigón y humo de coches me planteo ¿no fue aquella la mejor etapa de mi vida? Y ahí estamos, buscando las coordenadas para volver al campo y criar como a mi me criaron. Un abrazo y encantada de encontrarte.

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