Los renglones torcidos de Dios

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Como habrán intuido si me leen con cierta asiduidad, mi TOC no sólo se manifiesta en una obsesión tangible por la Vitamina D y la protección solar sino que además hacer listas es uno de mis pasatiempos preferidos. El sumun del placer obsesivo compulsivo lo alcanzo elaborando rankings. Aprovecho la ocasión para informarles de que el diccionario de la RAE incluye este término tan espanglish. Y este último también. Ahí lo dejo.

No me basta sólo con hacer la lista de los libros que voy leyendo cada año sino que además los ordeno según unos criterios muy míos en una suerte de ranking desde el que más me ha gustado hasta el que menos. Esto me ocasiona quebraderos de cabeza y dilemas emocionales que bien podrían alimentar un reality trepidante a la par que emotivo y enternecedor. Si tienen en cuenta que guardo un parecido físico perturbador con Pocholo Martínez Bordiú pueden hacerse una idea aproximada de lo desbocado del asunto. Poner un libro por encima de otro no es una tarea fácil. Requiere un ejercicio de disciplina germánica y ecuanimidad afectiva considerable. Ténganlo en cuenta.

Este año he leído libros muy buenos. La mayoría me los había recomendado alguien con criterio lo que significa que incluso los que están muy abajo en la lista merece la pena leerlos. Es más, el último de la clasificación provisional me lo recomendó mi amiga la de Albacete que tiene más sentido del humor que yo y se rió de lo lindo con las aventuras de Tina Fey. Para mí le sobra cinismo y le falta cohesión pero oigan, entretenido es entretenido y si como yo son ustedes fans -otro palabro al que se ha rendido la RAE- de 30 Rock no soy quien para quitarles la ilusión.

Les advierto que el líder provisional también está muy discutido. Tanto el libro de Kuki Gallmann como el de Joan Didion me han gustado muchísimo y según con que pié me levante me decanto por uno u otro. Sin embargo, aunque el de Joan Didion tiene un estilo más original y rompedor, el de Kuki Gallmann es más redondo y más… ¿bonito?

Para que no se me atraganten con tanto pote pseudo-intelectual como me estoy dando, hoy les dejo los cinco primeros. Iré ampliando la lista en los próximos días. Si no me fallan las cuentas en total van veintitrés. No son tantos, lo reconozco, pero no doy para más.

Sin más que resuenen los tambores: Ranking provisional de libros 2013

Memorias de África

Literatura femeninaUno de los rasgos más significativos de mi condición de follower por vocación es una capacidad pasmosa para mimetizarme con los hobbies de casi cualquiera. No hay nada que me guste más en el mundo que escuchar a alguien hablar de algo que le apasiona y de lo que además sabe un montón. Ese es mi hobby, inhalar las pasiones ajenas y conocer el mundo de la mano de los expertos en la materia.

No soy nada selectiva, puedo convertirme en forofa del Real Madrid o vibrar de emoción con una charla sobre el apareamiento del ornitorrinco. Lo mismo me da. Mientras mi interlocutor hable de ello con el suficiente entusiasmo yo encantada. Con los libros me pasa algo parecido, no hay historia que me enganche más que las escritas desde el enamoramiento más absoluto. Aquel que uno sólo puede sentir por aquello que realmente le apasionada en la vida.

Como muestra un botón, con diez años le cogí una manía tremenda a Hemingway cuando nos infligieron El viejo y el mar sin piedad. Días y días de niños trabándose con páginas eternas en las que nunca pasaba nada. Capítulos enteros dedicados a un único salto de una dorada. Para morirse allí mismo del tedio más absoluto.

Con el tiempo volví a darle otra oportunidad a Ernest y me leí Por quién doblan las campanas. Volví a aburrirme soberanamente. Me parecía increíble que alguien pudiera hacer una guerra soporífera, pero él lo conseguía de maravilla. Me resigné a ser una de esas personas que no saben apreciar a los grandes. Algo parecido me pasa con Dostoyevsky, Crimen y castigo es de los libros que menos me ha gustado en los últimos años.

Hasta el día en que cayó en mis manos Green Hills of Africa. Lo hubiera dejado todo allí mismo y me hubiera ido a vivir un tórrido romance africano con Ernest independientemente de su edad, su afición por el Dry Martini y sus carnes descolgadas.

Curiosamente, a raíz de mis pesquisas para encontrar la mejor literatura escrita por mujeres han caído en mis manos tres libros sobre África que me tienen totalmente atrapada en una espiral de a la mierda todo, nos vamos a África. Y no se hable más.

Para aparciguar la necesidad imperiosa de cambiar de vida y dedicarme a ver atardeceres imposibles, he empezado por comprarme un diario de los de verdad. De cuero y pergamino. El diario es el único complemento que necesita una mujer en África. Eso me ha quedado claro. También me he comprado una pluma, que me combina divinamente con el diario, con la que pienso relatar la vida en su faceta más lenta. De todo lo que envidio de estas vidas ancladas a una tierra inhóspita, la lentitud es, sin duda, lo que más anhelo. Estoy hasta el moño de que se me escape la vida a cien por hora y de ver pasar la infancia de mis hijas a cámara rápida.

Para empezar a saborear cada momento no lo duden y léanse estos tres libros:

I dreamed of Africa de Kuki Gallman (Este en particular me ha chiflado)

Out of Africa de Isak Dinesen

The poisonwood bible de Barbara Kingsolver

Y, si no lo han leído todavía, súmenle Green Hills of Africa de Ernest Hemingway.

Son libros muy distintos, pero todos destilan ese África que se te cuela debajo de la piel para no dejarte jamás. Si no acaban totalmente enamorados de aquella tierra de grandes dramas y sutiles placeres tienen ustedes menos corazón que el hombre de hojalata. He dicho.

Unless

UnlessNo crean que sus recomendaciones han caído en saco roto. En absoluto. No sólo me he arruinado, sino que además estoy ya muy aplicada leyendo libro femenino tras libro femenino. Los dos primeros en caer han sido Unless de Carol Shields y Bossypants de Tina Fey. Soy muy fan de 30 Rock, la serie de Tina Fey, pero el libro me ha gustado lo justo. Me he reído, pero no lo suficiente para justificar el libro que está escrito al más puro estilo gag cómico yanqui. Tiene gracia, pero del papel impreso espero algo más.

Con el de Carol Shields tenía muchísimas esperanzas. De hecho me he sentido identificada en muchas cosas, sobretodo en cómo afronta y relata la vida de una madre de tres hijas con su casa, sus labores y su trabajo siempre en quincuagésimo lugar. Parecía escrito para mí. Y además está bien escrito. El problema es que ya de paso aprovecha para hacer un alegato feminista que casualmente es lo mismito que hace Tina Fey aunque en un todo diferente.

Y oigan, a mí esto en pleno siglo XXI, en Occidente,  viniendo de dos mujeres exitosas, me sorprende. No es que esté yo en contra del feminismo, ni mucho menos. Estoy agradecidísima a todos esos hombres y mujeres que lucharon para que ahora disfrutemos de todos los derechos y deberes de cualquier ciudadano. Eso por descontado. Pero yo igualdad, lo que se dice igualdad, no quiero. Soy consciente de que el papel del hombre y el de la mujer no es el mismo en la sociedad. Pero tampoco creo que nunca vaya a serlo, ni que tenga porqué serlo.

Yo no quiero ser un hombre, ni igual que un hombre. Yo quiero ser una mujer. Con pleno derecho. Pero una mujer. Que es muchísimo mejor. Es posible que ser mujer me cierre ciertas puertas, sobretodo laborales. Igual que mi metro sesenta y cinco me impide ser modelo y mi garganta de grulla me obliga a descartar definitivamente una carrera musical. De todo eso soy consciente.

Como también soy consciente de que gracias (y ojo que digo gracias) a mis elecciones personales la probabilidad de que dirija una multinacional es nula. Jamás podría dedicarle el tiempo necesario. Ni la atención que un puesto de tal responsabilidad requiere. Es más, he elegido una vida que no es compatible con ningún trabajo convencional que requiera una presencia continuada en algún lugar que no sea mi casa.

De esto no tienen la culpa los hombres. Ni siquiera los más machistas y retrógrados de todos. Esta vida la he elegido yo como podría haber elegido cualquier otra. Y oigan, a mí no me parece ninguna limitación. A mí me parece un privilegio. El mismo privilegio que elegir totalmente lo contrario.

Que alguien pueda suponer que el hecho de que una mujer tenga hijos va a incidir en su carrera profesional no es ser machista. Es ser realista. Es cierto que en muchos casos no es así pero en otros tantos sí lo es. Una madre con hijos en general preferirá un tipo de puestos donde tenga que viajar menos o tenga un horario más compatible con el horario de sus hijos. Habrá trabajos que puedan adaptarse y otros que no. Igual que hay trabajos que necesitan más resistencia física o una capacidad intelectual que no todos tenemos.

Nunca va a haber el mismo número de hombres que de mujeres en los consejos de administración ni en puestos de alta dirección. Ni en las minas o en la pesca de alta mar. Cada vez habrá más mujeres. Por supuesto. Pero siempre habrá un porcentaje más elevado de mujeres por opten por otro tipo de desarrollo profesional que se compatibilice mejor con su familia. ¿Esto es malo? Yo no lo creo.

Lo de imponer un cupo de mujeres en un determinado puesto es absurdo. Una mujer occidental hoy en día puede llegar a donde quiera. Por sus propios medios. Porque ella lo vale. De la misma manera que puede elegir no llegar porque no le da la gana. Esto es libertad. Esto es, para mí, el verdadero feminismo.

No se trata de ser un hombre sino de realizarse como mujer.

The book club

Collage librosTengo un disgusto bárbaro. De los de rasgarme las vestiduras. A jirones.

Como ya sabéis me chiflan las listas, me gusta leer y soy follower por vocación, lo que me convierte en carne de cañón para cualquier sucedáneo de ranking tipo los-cien-mejores-libros-de-la-historia. En estas andaba yo enfrascada este verano cuando me crucé con un post del El guardián entre el centeno donde recomendaba varios libros ligeritos para el periodo estival. Como mujer obediente y abnegada que soy me puse al habla con mi amante bandido, el señor Amazon, me los pedí todos y me los leí con una diligencia encomiable.

Me lo pasé en grande. Me gustaron casi todos, aunque confieso que sólo leí las primeras páginas del de la Milán. Manuel Jabois me hizo reír a rabiar y G.K. Chesterton me conquistó para siempre con “The Man who was Thursday”. Recientemente, este galán de la blogosfera volvió a publicar otras trece recomendaciones con las que voy avanzando lenta pero segura.

Gracias a este caballero cibernético he leído un número considerable de libros escritos por hombres de hoy, sobre hombres de ahora aunque no necesariamente reservados para hombres de hoy en día. Ayer, en un alarde de chulería sin precedentes, me ofrecí para devolverle el favor y abrirle las puertas de la psique femenina a través de la literatura.

Sólo me hizo falta un tuit para hundirme en la más profunda de las miserias intelectuales: la página en blanco. En mi estado todavía farruco le recomendé que se leyera “The year of magical thinking” de Joan Didion que ya sabéis que me encantó. Y ahí se quedó la cosa. Después: Blanco. Absoluto. Fui incapaz de citar otro libro escrito por una mujer que pueda arrojar luz alguna sobre cómo pensamos, somos o creemos ser.

En plena desesperación decidí elaborar la lista de mis diez libros favoritos de todos los tiempos (los que aparecen en la imagen del post). Para mi desazón sólo uno estaba escrito por una mujer y además era inútil como guía de comportamiento femenino. Decidí entonces intentar recopilar todas las escritoras de las que hubiera leído algún libro con el único requisito de éste me hubiera gustado lo suficiente para perdurar en mi memoria.

Conseguí rescatar libros de Amélie Nothomb y Anna Gavalda de mi época parisina, todas las novelas victorianas de Jane Austen y las hermanas Brontë que devoré durante una época, los relatos de Isabel Allende, recuerdos de mi adolescencia como Flores en el Ático y La cabaña del tío Tom, la saga de Harry Potter que con tanta devoción leímos en Oxford y clásicos como To kill a mockingbird, En Grand Central Station me senté y lloré y más recientemente Gilead que me gustó bastante. Me encantó también The Rice Mother de Rani Manicka aunque me lo dejé en un hotel cuando me faltaban diez páginas para acabarlo.

Sé que he leído libros de otras autoras como Almudena Grandes, Soledad Puértolas, Carmen Martín Gaite, Zadie Smith y Paula Fox pero por desgracia me han dejado poca o ninguna huella. Lo peor es que casi ninguno de los libros anteriores sirve para retratar a mujeres como tú y como yo, con nuestras miserias y nuestros pequeños triunfos. La oferta masculina es por el contrario enorme, escritores como Jabois, Kiko Amat, Frédéric Beigbeder, Enric González o Nick McDonnell, por citar algunos, nos pintan, cada uno a su estilo, al hombre contemporáneo con humor y savoir faire.

Pero y nosotras ¿qué? ¿Dónde están todas esas escritoras maravillosas con su pluma viperina y su humor afilado? ¿Dónde? No lo sé. Pero me he propuesto encontrarlas. Así que os ruego encarecidamente que me recomendéis libros escrito por mujeres a partir del siglo XX. A cambio prometo hacer el gasto, leerlos y deciros qué me han parecido. Luego me haré la interesante y muy leída y le daré mis recomendaciones a este canalla entrañable.

Al señor de DHL lo tengo ya en un frenesí de traerme manuscritos mujeriles. Se va a enterar de lo que vale un peine.

Actualizado: Aquí la lista de todos los libros que le he encargado al señor de DHL según vuestras sugerencias por si me he dejado alguna en el tintero. Tengo faena para rato. ¡Mil gracias!

The joy luck club Amy Tan
Camille Claudel Anne Delbée
Fugitive pieces Anne Michaels
The god of small things Arundathi Roy
The poisonwood bible Barbara Kingsolver
Caperucita en Manhattan Carmen Martín Gaite
The stone diaries Carol Shields
The heart is a lonely hunter  Carson McCullen
The hour of the star Clarice Lispector
The fifth child  Doris Lessing
The collected Dorothy Parker Dorothy Parker
In the forest Edna O’Brien
Tinto de verano Elvira Lindo
Cien botellas en una pared  Ena Lucía Portela
Dreams of Tresspass Fátima Mernissi
Complete stories Flannery O’Connor
Bonjour tristesse Françoise Sagan
The origins of totalitarianism Hannah Arendt
Schooling Heather McGowan
The clan of the cave bear Jean M Auel
Good morning midnight Jean Rhys
Dime quien soy Julia Navarro
The forgotten garden Kate Morton
The eight Katherine Neville
Les yeux jaunes des Cocrodiles Katherine Pancol
I dreamed of Africa Kuki Gallman
Dreams of joy Lisa See
Gains and Losses Lya Luft
The end of the story Lydia Davis
Blind Assasin Margaret Atwwod
The red queen Margaret Drabble
Don’t move Margaret Mazzantini
L’amant Marguerite Duras
Nouvelles Orientales Marguerite Yourcenar
El tiempo entre costuras Maria Dueñas
Persepolis Marjan Strapi
Esperadme en el cielo Maruja Torres
La novia de papá Paloma Bravo
Hallucinating Foucault Patricia Duncker
Divine secrets of the Ya-Ya sisterhood Rebecca Wells
La bicyclette bleue Régine Deforges
Fingersmith Sarah Waters
Lean in Sheryl Sandberg
Memoires d’une fille rangée Simone de Beauvoire
What I loved Siri Hustvedt
The volcano lover Susan Sontag
The Bell Jar Sylvia Plath
Bossy pants Tina Fey
The bluest eye Toni Morrison
My Antonia Willa Carter
On beauty Zadie Smith

Pensamiento mágico

TheyearofmagicalthinkingEl año del pensamiento mágico es un libro maravilloso de Joan Didion, una periodista y escritora californiana, sobre la muerte de su marido. Su pareja desde hacía más de cuarenta años.

Es un libro escrito desde el dolor, la incredulidad y la negación de la muerte del que fue mucho más que un marido. Mucho más que el padre de su única hija. Un libro que describe con una limpieza y precisión quirúrgica el duelo de un ser querido. Muy querido. Y más. Es un libro sobre la pérdida no sólo del amor, sino de la costumbre, de la compañía, del hábito de transitar juntos por la vida. Es un libro escrito desde la tristeza y la desolación.

Y sin embargo es un libro feliz. Dulce sin querer serlo. Es un homenaje, un testimonio de amor sin mencionar ni una vez el término. No utiliza el verbo amar, ni querer, ni siquiera echar de menos. Ni una vez. No hay sustantivos empalagosos. No hay amores ni enamoramientos. No hay cariños, ni hombres de mi vida, ni almas gemelas. No habla de primeras citas. Ni de flechazos. Ni de pasiones. No.

Pero no hay una página en la que no quede constancia de la profundidad de su relación como pareja, como padres, como compañeros, como escritores y como amigos. Con una franqueza que engancha Didion hilvana recuerdo tras recuerdo con una prosa descarnada a la que no se le puede poner un pero. Nos lleva desde Nueva York hasta California. Desde los sesenta hasta el siglo veintiuno evocando un estilo, una época y una forma de vida en extinción.

Son recuerdos cotidianos, no necesariamente con un gran momentum dramático, que nos ayudan a entender como labraron una relación de cuarenta años estos dos escritores singulares. Pagaría una fortuna por poder ver la adaptación a teatro protagonizada por Vanessa Redgrave.

Cuando murió su marido, la única hija adoptiva de ambos yacía inconsciente en la UCI de un hospital neoyorquino. Murió veinte meses después, después de una sucesión de operaciones e ingresos hospitalarios, dejando a Didion sin los dos pilares de su vida: su marido y su hija. Noches Azules, su siguiente libro, lo escribió a raíz de la muerte de su hija pero quizá es más un análisis sobre la vejez y la soledad. Es un libro más sombrío, con más dolor acumulado, pero también tiene mucha luz. La luz de los recuerdos de su hija. De los buenos. De los malos. Y de los difíciles.

Es un libro duro. Un libro en el que la autora se hace preguntas muy difíciles con respuestas poco halagadoras. Vuelve a ser un libro tierno sin querer serlo. Un homenaje a la hija conocida. Y a la desconocida. Escrito desde la soledad más absoluta. La soledad de la mujer que se marchita. Sola. En su apartamento de Nueva York. Con sus libros. Sus recuerdos. Y sus miedos.

You sit down to dinner and life as you know it ends.