La bolsa sube, ¿estoy mejor doctor?

Un techo dignoCada cierto tiempo me armo de valor y le hago a mi padre la temida pregunta: ¿Cómo va la cosa?

La cosa es España.

Mi padre, un optimista inquebrantable, me contesta invariablemente que la cosa va mejor. Sus argumentos preferidos son, o bien que la prima de riesgo baja, o que la bolsa sube. Razonamientos ambos que a mí me rechinan.

Para no caer en la redundancia de hablar de esa prima -la de riesgo-, que no sabíamos que existía hasta hace un par de años y ahora es un comensal perenne de cualquier cena, hablemos de la bolsa, esa entelequia con la que todo el mundo parece ganar dinero. Hasta que dejan de hacerlo.

No les negaré que la bolsa sube. No sólo la española, las bolsas de todo el mundo se están pegando una fiesta alcista que poco tiene que ver con los langostinos menguantes de las navidades de los de a pie.

En mi modesta opinión la bolsa está haciendo las veces de válvula de escape para la presión inflacionista de tanta política monetaria expansiva de aquí y de allá.

¿Mande? Me explico.

Desde que estalló la crisis, tanto en Europa como EEUU, se ha optado por darle a la máquina de hacer billetes como si no hubiera un mañana. Esto se hace con la esperanza de que si se ponen más billetitos a circular la gente se animará a gastar y las empresas a invertir.

Como todo bien, cuanto más escaso más caro. Piensen en las trufas, los diamantes de quince kilates o los glúteos de Jennifer López. El dinero no iba a ser menos. Normalmente, cuando se imprime más dinero, así porque sí, éste pierde valor. Esto los ciudadanos de a pie solemos notarlo porque suben los precios y en los telediarios hablan de inflación.

Como a los mortales nos repatea que suban los precios de las cosas que queremos comprar, los que mandan muy amablemente han mantenido los tipos de interés artificialmente bajos para que esto no pase. Ya se imaginarán que esto es pan para hoy y hambre para mañana.

Además, cuando se bajan los tipos no sólo bajan los de la hipoteca sino que también bajan los depósitos y otros instrumentos de renta fija como cualquiera que se haya acercado a la ventanilla de su banco a poner sus ahorrillos en un depósito sabrá de sobra.

Visto que muchas de estos productos de inversión dan ahora rentabilidades muy bajas pero que hay mucho dinero de ese nuevo suelto por los mercados, los inversores recurren a la bolsa para intentar sacarle más partido a sus perras.

Cuando la gente está con ganas de invertir en bolsa,  las acciones se vuelven populares y sus precios suben. Igualito que las apariciones de Belén Esteban en Sálvame de Luxe, cuanto menos va, más le pagan.

A medida que las acciones se encarecen, así en general, la rentabilidad que ofrecen los dividendos de las empresas sólidas y saneadas es menor y se van acercando peligrosamente a las rentabilidades pobres de los depósitos y otros productos poco apetecibles en tiempos de intereses bajos.

¿Qué puede hacer entonces un alma cándida con su dinero? Jugar a caballo ganador o, lo que es lo mismo, invertir en valores que creemos que van a subir en el corto o medio plazo para luego vender y sacar así una tajada atractiva independientemente de que la empresa vaya regular, mal o peor.

Y así es como empresas que no van bien pueden llegar a valer mucho en bolsa, porque se cree que la acción puede subir en el corto plazo aunque los números de la empresa no lo respalden. Lo que viene siendo una burbuja como la copa de un pino.

Por eso pienso que las acciones están caras. Hay valores que lo merecen y que son y serán buenas inversiones, pero hay muchos valores que por mucho que ahora estén de moda están sobrevalorados. Estos valores acabarán por volver a bajar. Cuándo bajen dependerá de cuánto dure el atracón bursátil, pero bajar bajarán.

Así que cuando mi padre me dice que la bolsa sube no creo que tenga tanto que ver con que la cosa, la de nuestros bolsillos maltrechosvaya mejor.